El viaje

Visita al Museo y Parque de Vigeland (o de las esculturas) en Oslo

09/10/2015 3 comentarios


En el viaje a Oslo fue Vanina la que tuvo más tiempo de preparar el itinerario y buscar información sobre qué teníamos que visitar. Por esa razón y porque el trabajo de Gustav Vigeland (1869- 1943) es único en el mundo, visitar el parque y el museo que llevan su nombre fueron una de las experiencias que más me gustaron del viaje a Noruega (junto con la visita a la torre de saltos de esquí de Holemenkollen).

Parque de Vigeland

Estábamos Bygdøy, también conocida como “la península de los museos”, a donde fuimos a ver el museo de Kon Tiki, el Museo del Fram (con el barco que navegó hasta el Polo Norte) y el Museo Marítimo. Pronto escribiremos sobre ellos porque nos gustaron mucho, en especial los dos últimos. Allí nos subimos a un autobús (teníamos la tarjeta Oslo Pass de 2 días que incluía el acceso a los museos y el uso de transporte público) para ir primero hasta el Parque de Vigeland.

Parque de Vigeland (Frognerparken)

En realidad el nombre del parque es Frognerparken, Parque de Frogner, y se conoce como Parque de Vigeland a la zona en la que están las estatuas. Desde fuera parece un parque más, pero ya cuando pasas las enormes puertas enrejadas te das cuenta que hay algo diferente. Primero hay una un camino con árboles a los lados que nos lleva hasta un puente muy ancho donde podemos comenzar a ver 58 esculturas de Gustav Vigeland.

Puente de las estatuas de Vigeland

Paseo y Fuente Parque de Vigeland

La obra de Vigeland se podría resumir en un solo concepto: Livshjulet, la Rueda de la Vida. Sus obras abarcan la evolución y el crecimiento de una persona desde que nace, es un niño, se convierte en adolescente, forma una familia, y finalmente es en un anciano y muere. En ellas se puede ver además cómo se relacionan las parejas, los padres con los hijos, los abuelos con los nietos,…

Hombre y mujer de Vigeland

La escultura que culmina su obra y que además resume todo su trabajo es la enorme fuente central del parque. Es simplemente espectacular. En ella se puede ver cómo 5 hombres que sostienen la fuente y los 20 “arboles” que la rodean con los diferentes estadios de la vida de una persona. Entre sus ramas se puede ver toda la evolución desde el nacimiento hasta la muerte. En el parque, la fuente no parece tan grande, pero más abajo hay una foto del Museo de Vigeland en el que se puede ver a escala real con Vanina al lado su tamaño real.

Fuente del Parque de Vigeland

Fuente en el Parque de Vigeland

Aunque la fuente es la obra más compleja y completa, una de las estatuas más famosas del parque es esta del niño enrabietado, Sinnataggen, que se utiliza además en muchas postales. En mi opinión no es la más bonita, pero sí la más popular llegando incluso a convertirse en uno de los símbolos de la ciudad de Oslo (es más pequeña de lo que aparenta en la foto):

Sinnataggen, escultura niño enfadado

Había otras que transmitían más “movimiento” y sensaciones. Una de las que más nos gustó, también porque es más entrañable quizá, es aquella en la que un abuelo lleva a su nieto:

Escultura de abuelo y nieto

Llegados a este punto, seguro que os habéis dado cuenta que los cuerpos de las esculturas están desnudos tanto en niños, hombres y mujeres. No es que tengan un alto grado de detalle, ya que el trabajo de Vigeland no consistía en hacer esculturas fidedignas de las personas, si no transmitir el concepto de la evolución y el movimiento de la vida.

En pleno siglo XXI, no nos escandalizamos con ver desnudos en esculturas, pero si valoramos que Gustav Vigeland vivió entre 1869 y 1943 y que el parque se inauguró en 1926, se trata sin duda de una obra muy transgresora para su época. De hecho estuvo trabajando desde 1921 en las esculturas que diseñó para este parque ya que fue el propio consistorio de Oslo el que le encargó el trabajo. Se fueron añadiendo más estatuas hasta 1942, cuando terminó su obra, un año antes de su muerte.

Sorprende que en aquellos años hayan sido tan abiertos de mente como para llenar un parque con estas esculturas. Fue sin duda un gran acierto porque el trabajo y el mensaje de Vigeland son impresionantes.

Unas escaleras no llevarán hasta el monolino, Monolitten, de 17 metros de altura compuesto por 121 figuras de cuerpos entrelazados. A su alrededor sobre las escaleras se pueden ver también otras figuras de piedra con hombres y mujeres abrazándose.

Monolitten, el monolito del Parque Vigeland

Vanina y Eguino Parque Vigeland

Hay que destacar también las bonitas y originales puertas enrejadas que custodian el monolito:

Verja del monolito de Vigeland

La última figura del parque es otra escultura de la Rueda de la Vida junto con un tipo de reloj astronómico donde se pueden apreciar también los diferentes signos del zodiaco.

Museo de Vigeland

El camino continúa por el Frognerparken para llegar bordeando el lago hasta el Vigelandmuseet (Museo de Vigeland). En él se podrá encontrar la explicación de la obra de Gustav Vigeland así como diversas maquetas y figuras de prueba que hizo antes de construir las estatuas para el parque. El precio de la entrada son 60 NOK, unos 6,5€, pero con la Oslo Pass la entrada es gratuita.

Museo de Vigeland

En las diferentes salas se pueden ver las pruebas de esculturas que hizo a pequeña escala, con yeso primero y otras más grandes (casi al tamaño real) con los hierros que llevan dentro. De hecho en esta imagen del “niño enrabietado” (Sinnataggen) se puede ver cómo construía los moldes para crear las esculturas definitivas.

Sinnataggen, escultura niño enfadado de yeso

Una de las estatuas del museo que más nos gustó, y que era solo una prueba, es esta de Ludwig van Beethoven que no está en el parque, pero que transmite una gran fuerza, movimiento y pasión:

Escultura de Beethoven por Gustav Vigeland

Sin duda la sala más espectacular es aquella en la que hay una réplica de todas las figuras que se utilizan en la fuente principal. Son las pruebas que hizo Vigeland antes de construirla, pero ya a tamaño real. Además, como puedes ponerte directamente al lado te puedes dar una imagen de lo grandes que son y los detalles que tienen.

Vanina junto a la réplica de la estatua de la fuente de Vigeland

En esos “árboles” se pueden ver todos esos estadios que os comentaba antes, desde que nacemos hasta que morimos y cómo vamos evolucionando. De hecho, como Oslo no es una ciudad masificada por el turismo (a diferencia de Roma, París, Londres,…) se puede visitar este museo con muy poca gente y en completo silencio, lo que te hace incluso reflexionar por el sentido de la vida y lo que hacemos cada día, si la aprovechamos o desperdiciamos. A diferencia de en el parque, donde hay mucha vida y sonidos, aquí con esa tranquilidad vale la pena pararse a pensar un poco en la Rueda de la Vida.

Esculturas del Museo Vigeland

Esas mismas figuras de la fuente se pueden ver a diferentes tamaños (de prueba) junto con una maqueta del diseño que tendría el parque donde se colocarían todas sus estatuas.

También impresiona bastante ver el monolito de cuerpos del parque por partes que hay en el museo y en el que se puede apreciar cómo se entrelazan entre ellos.

Esculturas de yeso del monolito

Sala del monolito en Museo Vigeland

Espero no haberme puesto muy trascendental, pero es de esas visitas que haces, que no esperas y que te puedan sorprender mucho. Para mi es sin duda una de las visitas obligadas de Oslo aunque puede que no sea tan conocido como otros museos de la ciudad.

Os recomiendo además que primero visitéis el parque y luego veáis el museo para entender la complejidad y el gran trabajo de diseñar y crear esas esculturas, que os vuelvo a recordar las hizo a comienzos del siglo XX.

Os invito a que si ya habéis hecho esta visita, o leéis el artículo antes de ir lo hagáis a la vuelta, compartáis si os ha gustado y qué os ha transmitido la obra de Gustav Vigeland.

Galería de imágenes y fotos


Mapa



Sobre el autor

Alfonso Eguino

Soy emprendedor, Ing. Tec. Informático y dirijo varios proyectos en Internet. Me encanta volar desde que a los 16 años me subí por primera vez a un avión. Desde entonces no he parado de viajar siempre que he podido. Una de mis pasiones son los aviones y creo que hasta podría vivir en un aeropuerto. He volado más de 220.000 kilómetros, que es lo mismo que dar algo más de 5 vueltas alrededor del mundo. Siempre pensando en el próximo viaje.




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Comentarios

Comentarios de este artículo.
  1. maria grau 19/02/2016 Reply

    Muy chulo. Esta claro que es un sitio si o si para visitar la proxima vez que vuelva.
    Un saludo

  2. Susana MP 03/05/2017 Reply

    Está claro que uno de los lugares a los que quiero ir es Noruega, y uno de los lugares indiscutibles que quiero visitar es el Parque Vigeland y el museo.
    ¡Muchas gracias por compartir esta bonita experiencia con nosotros! Me ha gustado mucho :)

    • Te agradecemos el comentario. Esperamos que puedas hacer ese viaje, lo disfrutes mucho y nos cuentes tu experiencia a la vuelta.

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